Me pregunto cómo de grande debe de ser el nudo que se te hace en la garganta cuando empiezas un concierto cantando que hoy has echado de menos a tu hermano, después sigues, como en otros tantos conciertos, notando su ausencia a tu lado (y eso que han pasado casi nueve años desde que Enrique se murió), y luego cantar aquella canción que tu hermano le escribió a su hija, diciéndole a María que se agarre fuerte. Hoy tengo "Hoy no" dándome vueltas en la cabeza. Lo tenía como dormida, pero con el concierto de los 30 años me ha vuelto esa pasión adolescente, sobre todo al juntarme cerca, muy cerquita del escenario con otros tantos frikis de Los Secretos como yo, que han rayado discos de vinilo de tanto ponerlos, que escuchaban el disco del directo del (86?) y creían estar allí. Menos mal que de vez en cuando algo me pega un empujón musical y recupero la pasión musical. A veces me gustaría poder pedir deseos a un genio de la lámpara y poder asistir a conciertos interminables, le pediría poder volver a ver a Los Secretos en el Honky Tonk como cuando era adolescente y me llevaron mis tíos en plan backstage con otros músicos; le pediría ir a un concierto de los Beatles, de los Eagles, de mi Sabina, y que no se acabe nunca la música. Me gustaría haber seguido todo el fin de semana pegando botes en la arena de Las Ventas con mi grupito de frikis canción tras canción, contándonos cómo esta es mi favorita, no ahora aquella...
Ahora toca temporadita de rescate de viejos discos.
domingo, 12 de octubre de 2008
viernes, 10 de octubre de 2008
GRACIAS POR ELEGIRME
Ha sido divertido, incluso esa lucha entre el morlaco y la torera, porque aunque yo quiero mucho a Eric y es mi cuñado, no le perdono ese vociferio de "Odio a Sabina" que resonó en el tendido de sol esta noche. Sin embargo lo ha resarcido con esas ovaciones compartidas a RAMÓN y su guitarra. Creía que nadie más compartía conmigo esa devoción a ese Ramón tímido que quiere pasar desapercibido pero que cómo va a conseguirlo cuando puntea su guitarra, ¡por Dios!. Seguro que para él no somos más que uno más de "los sobrinos de María" que pegábamos voces en la piscina de Las Rozas cuando él estaba allí las tardes de verano con Begoña, y él es otro en nuestra colección de ídolos que desfilaban en la Movida de los 80 por casa de mis abuelos. O una noche de cangureo de mi prima abrías la puerta y aparecía Álvaro recogiendo un sobre. O te acompañaba a un concierto Javier. Y tú de veinteañera ibas de fan número uno a un concierto de Enrique y meses más tarde aparecías por el tanatorio a consolar a tus tíos mientras por todos los rincones había músicos rindiendo miles de homenajes con sus guitarras. Las Ventas a tope, no cabe ni un alma más y mientras Los Secretos tocan sus grandes éxitos uno tras otro y tú dudas entre echarte a llorar de la emoción y la nostalgia o ponerte a pegar botes (y optas por esto último), te dedicas a llamar por teléfono a tus tíos, iconos de la Movida, especialmente porque ha salido en el escenario Che Mari, y esperas el día en que se monte una Jam Session y puedas disfrutar en privado de la más absoluta genialidad de la música, aquello que fue tu pasión más secreta durante largas horas y que un día te truncaron para ser mujer de provecho. Lo que daría yo esta noche por haber estado, sólo un minuto, al lado de Álvaro Urquijo.
domingo, 5 de octubre de 2008
TENIAMOS SUEÑOS
Aquel verano tan intenso escuchaba yo unos versos de Sabina que decían "en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Yo era feliz allí y en aquel momento, y pensaba, parada en aquel semáforo escuchando la canción, qué pasaría si en algún momento del futuro las cosas habrían cambiado tanto qué sentiría yo al volver a mi Comala particular.
Fue un verano estupendo, pero pasó, se acabó y empezaron nuestros sueños. Juanmita se fue a Mexico. Anita y David se fueron al Caribe y pasaron muchas cosas. Otros fuimos en direcciones distintas. Estos días paseaba yo por las calles del pueblo y revivía tantas emociones que pensaba que quizá Sabina tenía razón, porque volver a Comala te recuerda los proyectos que tuviste y que pasado un tiempo ves que no has cumplido. Entonces salimos de allí con la maleta llena de ilusiones y proyectos, y hoy vuelvo a Madrid con un equipaje que consiste en una pizarra en blanco donde todo son interrogantes. ¿De qué sirve soñar si luego cuesta tanto cumplir los sueños?. ¿Por qué tiene que ser tan doloroso visitar de nuevo una cala, una playa donde dormíamos bajo las estrellas, por qué tiene que doler tanto abrazar de nuevo a tus maestros?. Me apetece coger el rotulador y ponerme a garabatear de nuevos sueños la pizarra, pero es que no se me ocurre qué poner. Sólo sé que me han invitado, me han insistido, en que vuelva a Comala, pero a mi me da miedo, porque ya no es lo mismo, ya no somos los mismos, y aquello nunca se volverá a repetir nunca más. Emulando a Heráclito... nunca bucearemos dos veces en el mismo mar.
Fue un verano estupendo, pero pasó, se acabó y empezaron nuestros sueños. Juanmita se fue a Mexico. Anita y David se fueron al Caribe y pasaron muchas cosas. Otros fuimos en direcciones distintas. Estos días paseaba yo por las calles del pueblo y revivía tantas emociones que pensaba que quizá Sabina tenía razón, porque volver a Comala te recuerda los proyectos que tuviste y que pasado un tiempo ves que no has cumplido. Entonces salimos de allí con la maleta llena de ilusiones y proyectos, y hoy vuelvo a Madrid con un equipaje que consiste en una pizarra en blanco donde todo son interrogantes. ¿De qué sirve soñar si luego cuesta tanto cumplir los sueños?. ¿Por qué tiene que ser tan doloroso visitar de nuevo una cala, una playa donde dormíamos bajo las estrellas, por qué tiene que doler tanto abrazar de nuevo a tus maestros?. Me apetece coger el rotulador y ponerme a garabatear de nuevos sueños la pizarra, pero es que no se me ocurre qué poner. Sólo sé que me han invitado, me han insistido, en que vuelva a Comala, pero a mi me da miedo, porque ya no es lo mismo, ya no somos los mismos, y aquello nunca se volverá a repetir nunca más. Emulando a Heráclito... nunca bucearemos dos veces en el mismo mar.
sábado, 16 de agosto de 2008
MIRANDO AL MAR
Si supiera hacer dibujos animados, la escena de esta tarde serían edificios con vida, grandes, grises y de hormigón, con ojos de mosqueo y dientes en forma de sierra que se doblaban amenazantes sobre mi coche que rodaba por el asfalto negro de la M-30. Así es como he vivido las vistas de Madrid por la entrada de Méndez Álvaro, después de 500 kilómetros planificando nuevas aventuras de buceo para la temporada de otoño, con el olor de la brisa marina del anochecer que ya se va metiendo en la costa, con la sal en la piel...
Una vez contaba aquello de los libros que te saltan a las manos desde las estanterías de las librerías (está en alguna parte de este blog). Pues una vez se vino conmigo un libro que decía "Escríbelo y haz que se cumpla". Quizá si ahora lo escribo, puede que algún día, espero que más pronto que tarde, todo encaje y termine donde yo quiero. Porque yo no quiero vivir en Madrid, si ahora estoy aquí es porque hay muchas cosas que me atan o que dejo que me aten, pero espero que pronto pueda dejarñas de lado que no abandonarlas, porque hay mucho y muy rico por aquí, pero no soy yo cuando camino por el asfalto y sí soy yo cuando estoy mirando la masa marina de color azul, o verde según esté el viento, me hipnotizan las olas, me acaricia la arena, respiro el viento...
Algún día voy a vivir en la costa, en un pueblecito pequeño y poco turístico. Por ahora es La Herradura la que más papeletas tiene, por aquello del cariño, pero cualquier otro sitio precioso me vale. Y todos los días me levantaré con gusto por la mañana, al abrir la ventana veré el mar, por las tardes me sentaré en la terraza a ver anochecer como en los apartamentos cutres del Pope el verano del Info... No sé a qué me dedicaré, pero estaré rodeada de gente que me quiera, estaré tranquila, podré ser yo misma sin tener que ponerme la máscara para que me acepten porque si no me aceptan (aunque el grupo de turno no me interese lo más mínimo) me quedaré sola.
Todavía no sé dónde será pero quiero que sea en Andalucía, porque tengo sangre gaditana y me tira, parece una chorrada pero es cierto, en el sur me siento como en casa porque todos hablan con un acento familiar, cálido y acogedor, la gente se ríe, se reúne, comparte.
Voy a vivir en la costa en el sur. Que lo sepáis.
Una vez contaba aquello de los libros que te saltan a las manos desde las estanterías de las librerías (está en alguna parte de este blog). Pues una vez se vino conmigo un libro que decía "Escríbelo y haz que se cumpla". Quizá si ahora lo escribo, puede que algún día, espero que más pronto que tarde, todo encaje y termine donde yo quiero. Porque yo no quiero vivir en Madrid, si ahora estoy aquí es porque hay muchas cosas que me atan o que dejo que me aten, pero espero que pronto pueda dejarñas de lado que no abandonarlas, porque hay mucho y muy rico por aquí, pero no soy yo cuando camino por el asfalto y sí soy yo cuando estoy mirando la masa marina de color azul, o verde según esté el viento, me hipnotizan las olas, me acaricia la arena, respiro el viento...
Algún día voy a vivir en la costa, en un pueblecito pequeño y poco turístico. Por ahora es La Herradura la que más papeletas tiene, por aquello del cariño, pero cualquier otro sitio precioso me vale. Y todos los días me levantaré con gusto por la mañana, al abrir la ventana veré el mar, por las tardes me sentaré en la terraza a ver anochecer como en los apartamentos cutres del Pope el verano del Info... No sé a qué me dedicaré, pero estaré rodeada de gente que me quiera, estaré tranquila, podré ser yo misma sin tener que ponerme la máscara para que me acepten porque si no me aceptan (aunque el grupo de turno no me interese lo más mínimo) me quedaré sola.
Todavía no sé dónde será pero quiero que sea en Andalucía, porque tengo sangre gaditana y me tira, parece una chorrada pero es cierto, en el sur me siento como en casa porque todos hablan con un acento familiar, cálido y acogedor, la gente se ríe, se reúne, comparte.
Voy a vivir en la costa en el sur. Que lo sepáis.
miércoles, 30 de julio de 2008
PEREGRIN TUK Y LOS DEMÁS
Quedaron fuerzas hasta para ponerse poética y gritar en el bosque:
"¡Oh, camiño, camiño, cándo serás chá!".
Pero el camino no colaboraba demasiado, y poca tregua nos dio.
1ª etapa: Villafranca del Bierzo hasta O Cebreiro. 28 kilómetros.
Temperatura fresca a las 6 de la mañana que recibimos agradecidos a la hora de empezar el camino con ganas con buena perspectiva. Cuando salió el sol y se pudo ver el paisaje hubo cierta decepción porque caminar junto a un quitamiedos cerca de la carretera no era lo bucólico que esperaba. Todavía caminábamos juntos y charlábamos.
Pronto vino el verdadero camino. En La Fava ya se adivinaban las primeras casas antiguas de la zona de los Ancares, pero también empezaban 9 ó 10 kilómetros cuesta arriba que te quitaban el aliento pero a cambio te obsequiaban con un paisaje de impacto. Coronando la cima llegamos al que en tiempos fue un pueblo inhóspito y que hoy, de reconstruido que está, parece artificial. Pero pudimos disfrutar de su queso excelente a pesar de la miel, varias y varias, y varias veces.
Postdata: odiamos "al del bigote".
2ª etapa: O Cebreiro hasta Calvor. 37 kilómetros.
El Bierzo quedó atrás y ya no queda nada de ello. Ahora todo son Ancares, que nos tocó descender en la etapa. Madrugón y doble asalto de alemanes que de cualquier forma querían saber por qué hacíamos el camino o si éramos creyentes, persiguiéndonos durante varios metros con molesta verborrea. Mala idea la de pararse a comer opíparamente en Triacastela (a pesar de que la farmacia nos vino muy bien para comprar drogas y ortopedia para nuestras ya castigadas rodillas), porque después de comer hubo que hacer la digestión a la par que se caminaba por la ruta de San Xil. El premio, un camino precioso. El castigo, un sol de justicia y cuestas interminables. Qué bien nos recibió el hospitalero cuando llegamos andando cual muñecas de Famosa y qué bien nos supo la cena que habíamos acarreado, mientras "el chino" se atracaba de espaguetis con polvillo amarillo. Fue el último momento en el que le volvimos a ver. Tras hacer amistades con franceses y alemanes caímos en combate hasta la mañana siguiente.
3ª etapa: Calvor hasta Portomarín. 28 kilómetros.
Qué bien empezar a andar y que empiece el calabobos porque así caminamos sin calor, y además sacamos las capas y empezamos a bromear sobre nuestros aspectos de Hobbits. Además llevamos a Chiclón, el pan chicloso del día anterior que se convierte en nuestro lembas particular, y hacemos un segundo desayuno Hobbit. Entre las ampollas, las roturas fibrilares, las agujetas y las pájaras alguno estuvo a punto de fenecer en el camino y tuvo que hacer un poco de trampas para llegar al albergue. Claro que luego lo devolvió con creces aguantando estoicamente el agotamiento para ir a hacer la colada. Fue el día donde el dolor se volvió castigo divino y al menos a mi, me obligó a hacerme una crisálida de Radiosalil dentro del saco. A uno le dio por raparse la cabeza y darnos un susto.
Postdata: odiamos a "la argentina" y "al del pelito".
4ª etapa: Portomarín hasta San Xulián. 30 kilómetros.
Llueve un poco y eso nos alivia, además el camino es bosque de roble y parecemos personajes salidos de un cuento. Poco Románico queda ya, pero de vez en cuando tiene su encanto apareciendo en algún sitio recóndito. Bendito albergue donde nuestros pies se negaron a continuar, porque pudimos disfrutar de una cena épica incluso con doble postre.
5ª etapa: San Xulián hasta Arzúa. 26 kilómetros.
Hemos salido de las aldeas encantadoras de Lugo y ahora entramos en territorio de La Coruña. Estamos agotados pero en una pulpería de Melide encontramos un oasis de pulpo con cachelos, ribeiro tinto y tarta de queso a las 11 de la mañana. No queremos seguir andando así que nos dejamos caer en el albergue a la entrada del pueblo, donde en los barracones atestados de literas hay gente que no sabe estarse callada. Hoy odiamos a todos.
6ª etapa: Arzúa hasta el Monte do Gozo. 31 kilómetros.
Las agujetas nos dan tregua pero no las lesiones, pero nosotros seguimos hacia nuestro objetivo. El bosque está vivo, parece que se va a poner a susurrar como el bosque de Fangorn. Parece sacado de un cuento. Hacemos varios desayunos como días atrás pero hoy nos damos el homenaje gastronómico que nos amarga un poco la señora que habla a voces a nuestro lado. Paramos un rato a echarnos la siesta pero preferimos chincharnos unos a otros y partirnos de risa. Lo que queda hasta el albergue ya no es nada para lo que llevamos hecho, pero la llegada parece interminable. Pasando por urbanizaciones, no nos dan mucho gozo las vistas pero nos hace gracia "la alcachofa" que han puesto en la cima. Nos dan la gran alegría de darnos literas compartidas con gente a la que adoramos (sin acritud, ¿eh?). Unas cervezas para celebrarlo y se nos suelta la lengua. Dormimos como ceporros a pesar de los ronquidos...
Postdata: odiamos a Jesucristo y a MonicArwen.
7ª etapa: Monte do Gozo hasta Santiago. ¿y qué son 5 kilómetros para nosotros?.
Hoy hasta podemos ir a buen ritmo (bueno, hablo por mi) y nos da tiempo a llegar a la oficina del peregrino antes que las hordas. Y tenemos el resto del día para disfrutar de la ciudad mágica donde todo puede pasar. Bailamos la conga en la rúa del mismo nombre, nos dormimos en la misa del peregrino (y no nos ponen el botafumeiro, grrr), comemos pulpo, bebemos ribeiro, y disfrutamos de la recompensa y del orgullo de la hazaña lograda.
Postdata: ya no odiamos a nadie.
Post-postdata: la amistad sucede cuando estás caminando y te encuentras con que te están esperando a la vuelta de la curva.
Gracias para Bere y Rubens.
"¡Oh, camiño, camiño, cándo serás chá!".
Pero el camino no colaboraba demasiado, y poca tregua nos dio.
1ª etapa: Villafranca del Bierzo hasta O Cebreiro. 28 kilómetros.
Temperatura fresca a las 6 de la mañana que recibimos agradecidos a la hora de empezar el camino con ganas con buena perspectiva. Cuando salió el sol y se pudo ver el paisaje hubo cierta decepción porque caminar junto a un quitamiedos cerca de la carretera no era lo bucólico que esperaba. Todavía caminábamos juntos y charlábamos.
Pronto vino el verdadero camino. En La Fava ya se adivinaban las primeras casas antiguas de la zona de los Ancares, pero también empezaban 9 ó 10 kilómetros cuesta arriba que te quitaban el aliento pero a cambio te obsequiaban con un paisaje de impacto. Coronando la cima llegamos al que en tiempos fue un pueblo inhóspito y que hoy, de reconstruido que está, parece artificial. Pero pudimos disfrutar de su queso excelente a pesar de la miel, varias y varias, y varias veces.
Postdata: odiamos "al del bigote".
2ª etapa: O Cebreiro hasta Calvor. 37 kilómetros.
El Bierzo quedó atrás y ya no queda nada de ello. Ahora todo son Ancares, que nos tocó descender en la etapa. Madrugón y doble asalto de alemanes que de cualquier forma querían saber por qué hacíamos el camino o si éramos creyentes, persiguiéndonos durante varios metros con molesta verborrea. Mala idea la de pararse a comer opíparamente en Triacastela (a pesar de que la farmacia nos vino muy bien para comprar drogas y ortopedia para nuestras ya castigadas rodillas), porque después de comer hubo que hacer la digestión a la par que se caminaba por la ruta de San Xil. El premio, un camino precioso. El castigo, un sol de justicia y cuestas interminables. Qué bien nos recibió el hospitalero cuando llegamos andando cual muñecas de Famosa y qué bien nos supo la cena que habíamos acarreado, mientras "el chino" se atracaba de espaguetis con polvillo amarillo. Fue el último momento en el que le volvimos a ver. Tras hacer amistades con franceses y alemanes caímos en combate hasta la mañana siguiente.
3ª etapa: Calvor hasta Portomarín. 28 kilómetros.
Qué bien empezar a andar y que empiece el calabobos porque así caminamos sin calor, y además sacamos las capas y empezamos a bromear sobre nuestros aspectos de Hobbits. Además llevamos a Chiclón, el pan chicloso del día anterior que se convierte en nuestro lembas particular, y hacemos un segundo desayuno Hobbit. Entre las ampollas, las roturas fibrilares, las agujetas y las pájaras alguno estuvo a punto de fenecer en el camino y tuvo que hacer un poco de trampas para llegar al albergue. Claro que luego lo devolvió con creces aguantando estoicamente el agotamiento para ir a hacer la colada. Fue el día donde el dolor se volvió castigo divino y al menos a mi, me obligó a hacerme una crisálida de Radiosalil dentro del saco. A uno le dio por raparse la cabeza y darnos un susto.
Postdata: odiamos a "la argentina" y "al del pelito".
4ª etapa: Portomarín hasta San Xulián. 30 kilómetros.
Llueve un poco y eso nos alivia, además el camino es bosque de roble y parecemos personajes salidos de un cuento. Poco Románico queda ya, pero de vez en cuando tiene su encanto apareciendo en algún sitio recóndito. Bendito albergue donde nuestros pies se negaron a continuar, porque pudimos disfrutar de una cena épica incluso con doble postre.
5ª etapa: San Xulián hasta Arzúa. 26 kilómetros.
Hemos salido de las aldeas encantadoras de Lugo y ahora entramos en territorio de La Coruña. Estamos agotados pero en una pulpería de Melide encontramos un oasis de pulpo con cachelos, ribeiro tinto y tarta de queso a las 11 de la mañana. No queremos seguir andando así que nos dejamos caer en el albergue a la entrada del pueblo, donde en los barracones atestados de literas hay gente que no sabe estarse callada. Hoy odiamos a todos.
6ª etapa: Arzúa hasta el Monte do Gozo. 31 kilómetros.
Las agujetas nos dan tregua pero no las lesiones, pero nosotros seguimos hacia nuestro objetivo. El bosque está vivo, parece que se va a poner a susurrar como el bosque de Fangorn. Parece sacado de un cuento. Hacemos varios desayunos como días atrás pero hoy nos damos el homenaje gastronómico que nos amarga un poco la señora que habla a voces a nuestro lado. Paramos un rato a echarnos la siesta pero preferimos chincharnos unos a otros y partirnos de risa. Lo que queda hasta el albergue ya no es nada para lo que llevamos hecho, pero la llegada parece interminable. Pasando por urbanizaciones, no nos dan mucho gozo las vistas pero nos hace gracia "la alcachofa" que han puesto en la cima. Nos dan la gran alegría de darnos literas compartidas con gente a la que adoramos (sin acritud, ¿eh?). Unas cervezas para celebrarlo y se nos suelta la lengua. Dormimos como ceporros a pesar de los ronquidos...
Postdata: odiamos a Jesucristo y a MonicArwen.
7ª etapa: Monte do Gozo hasta Santiago. ¿y qué son 5 kilómetros para nosotros?.
Hoy hasta podemos ir a buen ritmo (bueno, hablo por mi) y nos da tiempo a llegar a la oficina del peregrino antes que las hordas. Y tenemos el resto del día para disfrutar de la ciudad mágica donde todo puede pasar. Bailamos la conga en la rúa del mismo nombre, nos dormimos en la misa del peregrino (y no nos ponen el botafumeiro, grrr), comemos pulpo, bebemos ribeiro, y disfrutamos de la recompensa y del orgullo de la hazaña lograda.
Postdata: ya no odiamos a nadie.
Post-postdata: la amistad sucede cuando estás caminando y te encuentras con que te están esperando a la vuelta de la curva.
Gracias para Bere y Rubens.
CORPORE SANO IN MENS SANA
Todos tenéis permiso para corregirme si me equivoco. Pero mientras me pateaba el camino, cuesta arriba, cuesta abajo, atravesaba aldeas de cuento que tenían cuatro casas. Si había suerte de que estuvieran habitadas, se veía que vivían como antaño. Y al pensar sobre el antaño y al ver que yo misma sólo estaba preocupada por cuestiones básicas como la comida, el cansancio y el camino, concluía lo siguiente. ¿Cuánta patología mental habría antes?. Me refiero a cuando los hombres dedicaban el día entero a cubrir sus necesidades básicas, de alimentación y de refugio. Ya sea cuando vivían en cuevas o cuando pasaron a aldeas de casas de piedra, no había tiempo durante el día a dedicarse a darle vueltas al coco de la manera tonta en la que lo hacemos hoy en día. No tenemos dificultades en encontrar comida, ni en cobijarnos, ni en conseguir luz eléctrica, pero a cambio esa parte mental en la que no ponemos energía se dedica a dar vueltas y vueltas. Quizá eso reduce la etiología de las patologías mentales a las carencias afectivas y al trauma (quitando la parte genética). Podemos tener traumas y falta de cariño desde nuestros ancestros, pero si tu vida depende de lo que consigas hoy para comer o de los enemigos de los que te puedas defender, no tienes tiempo para desarrollar enfermedades mentales.
martes, 3 de junio de 2008
CUORESIDADES
Las vacas tienen huesos en el tabique. Las serpientes sólo tienen tres cavidades. En estado fetal no tiene más que dos cavidades, hasta que empiezan a dividirse los septos y forma huecos interconectados por donde -panta rei- todo fluye. Pero en todos realiza la misma función. Una vez y otra, seguido, sin pararse nunca porque si lo hiciera dejaríamos de vivir aunque no de existir momentáneamente.
Las personas no tienen ninguna peculiaridad cardiaca, lo tenemos a la izquierda en el pecho, lo sentimos adentro, a veces nos duele, a veces nos pega un vuelco y parece que se para, para después empezar a latir de nuevo a toda velocidad; existe una palabra preciosa que se llama extrasístole para definir aquello que nos pasa cuando algo nos choca tanto que "se nos para el corazón".
A veces se puede parar y resetear, en un acto casi mágico en el que un poco de calcio, un poco de bicarbonato, un shock eléctrico y de nuevo lo tienes en la mano a ritmo furioso. Otros hasta se pueden sacar del cuerpo y ponerlo en otro cuerpo, y ahí funcionará mucho tiempo igual que con su antiguo dueño, provocándole las mismas sensaciones y emociones, cuando se enamore, cuando se asuste, cuando esté triste, cuando se alegre.
Porque el corazón responde a todo, está siempre alerta. Un nódulo sinusal, un nódulo atrioventricular, un haz de Hiss, una red de Purkinje, suena complicado aunque fascinante cómo el director de orquesta dicta cómo y cuánto hay que latir, y por dónde. Rebelde algunas veces en las que da sustos. Fibrilación auricular, fibrilación ventricular, disociación... es un órgano curioso con personalidad propia.
Las personas no tienen ninguna peculiaridad cardiaca, lo tenemos a la izquierda en el pecho, lo sentimos adentro, a veces nos duele, a veces nos pega un vuelco y parece que se para, para después empezar a latir de nuevo a toda velocidad; existe una palabra preciosa que se llama extrasístole para definir aquello que nos pasa cuando algo nos choca tanto que "se nos para el corazón".
A veces se puede parar y resetear, en un acto casi mágico en el que un poco de calcio, un poco de bicarbonato, un shock eléctrico y de nuevo lo tienes en la mano a ritmo furioso. Otros hasta se pueden sacar del cuerpo y ponerlo en otro cuerpo, y ahí funcionará mucho tiempo igual que con su antiguo dueño, provocándole las mismas sensaciones y emociones, cuando se enamore, cuando se asuste, cuando esté triste, cuando se alegre.
Porque el corazón responde a todo, está siempre alerta. Un nódulo sinusal, un nódulo atrioventricular, un haz de Hiss, una red de Purkinje, suena complicado aunque fascinante cómo el director de orquesta dicta cómo y cuánto hay que latir, y por dónde. Rebelde algunas veces en las que da sustos. Fibrilación auricular, fibrilación ventricular, disociación... es un órgano curioso con personalidad propia.
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