eclecticismo.
(De ecléctico).
1. m. Modo de juzgar u obrar que adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas.
Y Aristóteles decía que la virtud se encuentra en el término medio.
Lo siento, pero no consigo aplicarlo. Que viva el blanco y el negro, el sí y el no, el ying y el yang, arriba y abajo... que parezco Coco el de Barrio Sésamo...
jueves, 17 de enero de 2008
sábado, 5 de enero de 2008
SUCCESS
¿Quién define lo que es el éxito profesional?. Hay alguien desde fuera que nos dicta que tenemos que ganar más o menos dinero, tener un curriculum más o menos extenso, dirigir equipos, manejar presupuestos...
Estoy rodeada de gente con éxito. Algunos de mis mejores amigos son directivos de multinacionales, otros son grandes investigadores con estancias prestigiosas en el extranjero. Algunos ganan cantidades indecentes de dinero. Otros son famosos. Y yo a veces me siento chiquitita, fracasada. ¿Dónde se supone que debería estar yo ya, viendo la brillante trayectoria que llevaba?. Fui la Product Manager más joven de España, dirigía, investigaba, gestionaba, ganaba pasta. Y no funcionó.
Y hoy he hecho una fugaz visita a mi humilde trabajo. Tal vez no gane tanto dinero como mi curriculum se merece. Tal vez no dirija grandes departamentos de grandes multinacionales. Tal vez no haga grandes viajes, ni quiero. Pero hoy pensaba que estoy lo más cerca posible de la definición que hoy pensaba de éxito profesional: ¡disfrutar con lo que haces!.
Estoy rodeada de gente con éxito. Algunos de mis mejores amigos son directivos de multinacionales, otros son grandes investigadores con estancias prestigiosas en el extranjero. Algunos ganan cantidades indecentes de dinero. Otros son famosos. Y yo a veces me siento chiquitita, fracasada. ¿Dónde se supone que debería estar yo ya, viendo la brillante trayectoria que llevaba?. Fui la Product Manager más joven de España, dirigía, investigaba, gestionaba, ganaba pasta. Y no funcionó.
Y hoy he hecho una fugaz visita a mi humilde trabajo. Tal vez no gane tanto dinero como mi curriculum se merece. Tal vez no dirija grandes departamentos de grandes multinacionales. Tal vez no haga grandes viajes, ni quiero. Pero hoy pensaba que estoy lo más cerca posible de la definición que hoy pensaba de éxito profesional: ¡disfrutar con lo que haces!.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
FELIZ NO-NAVIDAD
Cada vez lo hago mejor. Me propongo no hacer caso de las luces en la calle, de los anuncios en la tele y casi ni me entero de que la población madrileña celebra la navidad. Porque yo no la celebro. No es la navidad de lo que me alegro en estos días. No, lo que me alegra es otra cosa más cósmica, que me atrae, que me fascina, que tiene ese no sé qué, un gusanillo de temor unido a la incipiente alegría de lo que viene dentro de poco.
Hace ya muchos años hubo una frase de una profesora de Historia que nos hablaba de los hombres prehistóricos: "tened en cuenta que aquella gente se metía en la cueva todas las noches sin saber si el Sol saldría al día siguiente". Porque el Sol es tan importante para nosotros, que no podríamos hacer nada si nos faltase. Qué pocas ganas de hacer cosas nos entran alrededor de las 6 de la tarde cuando se acerca el ocaso. Y qué bueno es celebrar que a partir de estos días, esa sensación cada vez durará menos minutos, menos horas.
Feliz solsticio de invierno
Hace ya muchos años hubo una frase de una profesora de Historia que nos hablaba de los hombres prehistóricos: "tened en cuenta que aquella gente se metía en la cueva todas las noches sin saber si el Sol saldría al día siguiente". Porque el Sol es tan importante para nosotros, que no podríamos hacer nada si nos faltase. Qué pocas ganas de hacer cosas nos entran alrededor de las 6 de la tarde cuando se acerca el ocaso. Y qué bueno es celebrar que a partir de estos días, esa sensación cada vez durará menos minutos, menos horas.
Feliz solsticio de invierno
Y SIN EMBARGO...
... y a pesar de todo, hoy lo echo de menos.
Echo de menos a mis pacientes, grandes, pequeños, más graves, más sanos. Echo de menos las guardias de 24 horas a la espera de algún cólico. Echo de menos las duchas con vistas a la sierra. Echo de menos salir a las 5 de la mañana con el hacha cortante del frío de febrero en la cara. Echo de menos los partos, yo sola, sin ayuda, sobre la paja, casi sin esfuerzo, solas la vaca y yo. Echo de menos la radio con "La Flauta Mágica" de Mozart a todo trapo. Echo de menos la ordeñadora marca Cerezo que tenía más años que todos nosotros juntos, con su "chuf-chuf" acompasado. Echo de menos a los alumnos, los veteranos, los novatos, los curiosos, los estudiosos. Echo de menos mi botella de ginebra secreta escondida detrás de los archivadores. Echo de menos a los mozos y nuestra complicidad. Echo de menos estar cubierta de guarrería todo el día y que no me importara. Echo de menos las cirugías programadas y toda la ceremonia solemne a su alrededor. Echo de menos la satisfacción de sacar animales adelante.
Echo de menos a muchos. Pero también hay unos cuantos a los que no. No, no os echo nada de menos.
Echo de menos a mis pacientes, grandes, pequeños, más graves, más sanos. Echo de menos las guardias de 24 horas a la espera de algún cólico. Echo de menos las duchas con vistas a la sierra. Echo de menos salir a las 5 de la mañana con el hacha cortante del frío de febrero en la cara. Echo de menos los partos, yo sola, sin ayuda, sobre la paja, casi sin esfuerzo, solas la vaca y yo. Echo de menos la radio con "La Flauta Mágica" de Mozart a todo trapo. Echo de menos la ordeñadora marca Cerezo que tenía más años que todos nosotros juntos, con su "chuf-chuf" acompasado. Echo de menos a los alumnos, los veteranos, los novatos, los curiosos, los estudiosos. Echo de menos mi botella de ginebra secreta escondida detrás de los archivadores. Echo de menos a los mozos y nuestra complicidad. Echo de menos estar cubierta de guarrería todo el día y que no me importara. Echo de menos las cirugías programadas y toda la ceremonia solemne a su alrededor. Echo de menos la satisfacción de sacar animales adelante.
Echo de menos a muchos. Pero también hay unos cuantos a los que no. No, no os echo nada de menos.
domingo, 16 de diciembre de 2007
PIEDRAS EN EL RIO
No sé por qué pero quiero llegar al otro lado. Es lo único en lo que pienso y en lo que tengo fija la mirada. La otra orilla del río. Pero yo ya estoy cruzando y ya no hay vuelta atrás. La orilla de la que vengo queda tan atrás. No puedo dar la vuelta, saltar, y volver. Está muy lejos. Hay que seguir hacia adelante, hacia la tierra, cuando llegue me aferraré a las cañas y a la hierba.
Pero nunca llego. Estoy sobre las piedras del río. Permanezco de pie sobre una de ellas. Me aterra caer y mojarme. El agua es tan oscura, tan fría, corre tan rápido. No quiero caerme. Estoy en una piedra, pero esa piedra tiene ángulos, estoy incómoda, pierdo el equilibrio, y cuando parece que estoy a punto de quedarme quieta, no puedo permanecer más en ella y salto. Siempre salto de piedra en piedra. De una piedra a la siguiente. Y nunca estoy más cerca de la otra orilla. Siempre hay más y más piedras, unas altas, otras bajas, tan bajas que me mojo los tobillos, me calo los pies, y siento ese terror húmedo y frío que me hace saltar de nuevo. A veces la piedra está al sol y entonces me paro un rato más a calentarme. Pero tampoco me quedo mucho tiempo y salto a la siguiente piedra.
Una piedra y otra piedra. Cruzando el río.
Pero nunca llego. Estoy sobre las piedras del río. Permanezco de pie sobre una de ellas. Me aterra caer y mojarme. El agua es tan oscura, tan fría, corre tan rápido. No quiero caerme. Estoy en una piedra, pero esa piedra tiene ángulos, estoy incómoda, pierdo el equilibrio, y cuando parece que estoy a punto de quedarme quieta, no puedo permanecer más en ella y salto. Siempre salto de piedra en piedra. De una piedra a la siguiente. Y nunca estoy más cerca de la otra orilla. Siempre hay más y más piedras, unas altas, otras bajas, tan bajas que me mojo los tobillos, me calo los pies, y siento ese terror húmedo y frío que me hace saltar de nuevo. A veces la piedra está al sol y entonces me paro un rato más a calentarme. Pero tampoco me quedo mucho tiempo y salto a la siguiente piedra.
Una piedra y otra piedra. Cruzando el río.
domingo, 9 de diciembre de 2007
WHAT???
Salgo del cine partiéndome el culo y todavía sigo. La peli me ha hecho transportarme a tantos recuerdos surrealistas vividos en la campiña inglesa que sigo, y sigo, y no puedo parar de recordar eventos. Mi insomne noctambulismo de esta noche hiperactiva me pone a escribir sin parar sobre anécdotas idiomáticas.
La que recuerdo ahora con más gracia se remonta a la época en la que era una alta ejecutiva de una multinacional farmacéutica. Veintipocos años, muy preparada, curriculum vitae sobresaliente, bilingüe en inglés... y mi primera reunión internacional. Vamos en trío: el Gerente General, el Director de Marketing, y yo, Asesora Técnica Veterinaria para España y Portugal. Casi nada. Aunque había que vernos a los tres.
Nos metemos en la reunión en un hotel, dos o tres representantes por país y cada uno de nosotros tiene que hacer una presentación. Mi jefe hace una introducción en un spanglish medio inventado y luego me toca a mi hacer la presentación sobre proyectos, de la que salgo bastante airosa hasta que llega el turno de preguntas. Salta "la Leona", y no la llamábamos así por nada especial como preguntaba una compañera nuestra, sino porque se llamaba Leona. Hace una pregunta interminable en un inglés londinense que no se entiende ni papa. Mi jefe le pide que repita y ella lo hace. Le pide una segunda vez que lo repita. Seguimos sin entendernos. Vaya inglés que habla la tía. Y entonces para intentar salvar la situación mi jefe le explica "No, si las palabras sueltas las entiendo, pero juntas no". Leona enrojece y se sienta al fondo de su silla y se calla.
Un año más tarde y tras múltiples reuniones internacionales ya había buen rollo entre nosotros, y acudo al congreso internacional de buiatría como representante de España. Todos los demás de la empresa de diferentes países están en el mismo hotel de Hannover. Hemos quedado para la cena y estamos sentados en el hall del hotel Richard (jefe internacional de Marketing), Austin (jefe de asesores técnicos de Estados Unidos), Leona y yo. Hasta ahora nos entendemos bien hasta que Leona vuelve a abrir la boca y suelta otra parrafada interminable. Yo miro para otro lado porque no me entero y pasado el aluvión verborreico Austin, angloparlante de nacimiento, se la queda mirando, y le dice "what?".
Por favor, no os perdáis "Arma Fatal", sobre todo los que hayáis vivido la experiencia de haber catado la campiña inglesa supuestamente para aprender inglés y os hayáis visto atrapados en la experiencia de tener que decir varias veces "what?".
La que recuerdo ahora con más gracia se remonta a la época en la que era una alta ejecutiva de una multinacional farmacéutica. Veintipocos años, muy preparada, curriculum vitae sobresaliente, bilingüe en inglés... y mi primera reunión internacional. Vamos en trío: el Gerente General, el Director de Marketing, y yo, Asesora Técnica Veterinaria para España y Portugal. Casi nada. Aunque había que vernos a los tres.
Nos metemos en la reunión en un hotel, dos o tres representantes por país y cada uno de nosotros tiene que hacer una presentación. Mi jefe hace una introducción en un spanglish medio inventado y luego me toca a mi hacer la presentación sobre proyectos, de la que salgo bastante airosa hasta que llega el turno de preguntas. Salta "la Leona", y no la llamábamos así por nada especial como preguntaba una compañera nuestra, sino porque se llamaba Leona. Hace una pregunta interminable en un inglés londinense que no se entiende ni papa. Mi jefe le pide que repita y ella lo hace. Le pide una segunda vez que lo repita. Seguimos sin entendernos. Vaya inglés que habla la tía. Y entonces para intentar salvar la situación mi jefe le explica "No, si las palabras sueltas las entiendo, pero juntas no". Leona enrojece y se sienta al fondo de su silla y se calla.
Un año más tarde y tras múltiples reuniones internacionales ya había buen rollo entre nosotros, y acudo al congreso internacional de buiatría como representante de España. Todos los demás de la empresa de diferentes países están en el mismo hotel de Hannover. Hemos quedado para la cena y estamos sentados en el hall del hotel Richard (jefe internacional de Marketing), Austin (jefe de asesores técnicos de Estados Unidos), Leona y yo. Hasta ahora nos entendemos bien hasta que Leona vuelve a abrir la boca y suelta otra parrafada interminable. Yo miro para otro lado porque no me entero y pasado el aluvión verborreico Austin, angloparlante de nacimiento, se la queda mirando, y le dice "what?".
Por favor, no os perdáis "Arma Fatal", sobre todo los que hayáis vivido la experiencia de haber catado la campiña inglesa supuestamente para aprender inglés y os hayáis visto atrapados en la experiencia de tener que decir varias veces "what?".
domingo, 11 de noviembre de 2007
OTOÑO
El año pasado estaba montada en un verano permanente y me caí de golpe dentro del invierno frío y seco de Madrid. Cuando estás en pantalones cortos tanto tiempo, pierdes toda noción del tiempo y pasar al abrigo de plumas por cuestión de supervivencia no es nada romántico. Por eso este año disfruto mucho más del otoño.
Hay un no sé qué en la luz tamizada del sol que te cambia el estado del ánimo y hace que sólo te apetezca sentarte delante de la ventana a contemplar las hojas amarillas y rojas que ahora tienen mis tres cerezos. Los árboles de color amarillo brillan con fuerza y parecen pequeños astros con luz propia, y dentro de nada habrá un manto de hojas que parece que abrigan el suelo.
Hace dos años que no veía un otoño y me hace evocar épocas pasadas, comparando cómo estaba la vida hace tanto tiempo, qué hacía, dónde estaba... Me salto un otoño y despierto asombrándome cómo ha cambiado la vida.
Disfrutad del colorido arbóreo, dura poco.
Hay un no sé qué en la luz tamizada del sol que te cambia el estado del ánimo y hace que sólo te apetezca sentarte delante de la ventana a contemplar las hojas amarillas y rojas que ahora tienen mis tres cerezos. Los árboles de color amarillo brillan con fuerza y parecen pequeños astros con luz propia, y dentro de nada habrá un manto de hojas que parece que abrigan el suelo.
Hace dos años que no veía un otoño y me hace evocar épocas pasadas, comparando cómo estaba la vida hace tanto tiempo, qué hacía, dónde estaba... Me salto un otoño y despierto asombrándome cómo ha cambiado la vida.
Disfrutad del colorido arbóreo, dura poco.
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